lunes 26 de julio de 2010

Personalidad y Patología


Muchas veces a lo largo de mi vida me ha ocurrido-y seguramente a algunos de ustedes también- que cae por casualidad en mis manos un libro que parece ser el necesario en ese momento exacto de mi vida: trata sobre los mismos temas que están dando vueltas en mi cabeza hace días y me aporta datos nuevos e interesantes que determinan mis líneas de lectura y de búsqueda posteriores. Recuerdo ahora que hace un par de años me pasó con El lobo estepario, de Herman Hesse. Y esta semana me volvió a suceder. Si fuera supersticioso, pensaría que los libros me buscan y me hablan en el momento justo. Pero hay una explicación mejor: cuando una cuestión se instala en tu cabeza varios días, es lógico que estés más atento a lo que pasa a tu alrededor y se relaciona con esa cuestión específica. Así detectás libros, películas o documentales que de otra manera hubieran pasado inadvertidos en otro momento.
La cosa es que hojeando un libro cualquiera en la sala de lectura de la Biblioteca Pública, me crucé con el fragmento que copio a continuación:
“Un Trastorno de Personalidad es un modo de ser y comportarse que:
*Es omnipresente:se pone de manifiesto en la payor parte de las situaciones y contextos, y abarca un amplio rango de comportamientos, sentimientos y experiencias.

*No es producto de una situación o acontecimiento vital concreto, sino que abarca la mayor parte del ciclo vital del individuo.

*Es inflexible, rígido.

*Dificulta la adquisición de nuevas habilidades y comportamientos, especialmente en el ámbito de las relaciones sociales: perjudica el desarrollo del individuo.

*Hace al individuo frágil y vulnerable antes situaciones nuevas que requieren cambios.

*No se ajusta a lo que cabría esperar para ese individuo, teniendo en cuenta su contecto sociocultural.

*Produce malestar y sufrimiento al individuo, o a quienes le rodean: provoca interferencias en diversos ámbitos (social, familiar, laboral, etc.)

*El malestar es más bien consecuencia de la no aceptación por parte de los demás del modo de ser del individuo más que una característica intrínseca del trastorno: en general suelen ser egosintónicos.
*Por lo antedicho, la conciencia de enfermedad o anomalía es escasa o inexistente.”

Sin ser un especialista en el tema ni mucho menos, siempre he considerado las patologías mentales como una mera cuestión de grado. Quiero decir, es evidente que la mayoría de nosotros puede sobrellevar sus “cositas” más o menos disimuladamente dentro de lo que se considera una “vida normal” sin necesidad de ser internado en un neuropsiquiátrico. Pero también deberíamos reconocer que nadie es 100 % cuerdo: todos tenemos alguna zona oscura de nuestra personalidad que no nos satisface y nos trae dolores de cabeza en nuestra existencia cotidiana. En algún momento de nuestro ciclo vital, todos nos sentimos disconformes con lo que somos, o mas exactamente, con la vida que llevamos. Y en esas crisis existenciales aparecen, en mayor o menor medida, los gérmenes patológicos de nuestra propia personalidad. Claro, nuestra “semilla patológica” no es “omnipresente” ni “abarca la mayor parte del ciclo vital”, por lo que en la mayoría de los casos nuestras flores del mal se desarrollen en la oscuridad, fuera de la vista de los otros y bajo el mas estricto secreto.
Como bien dice el fragmento citado arriba, los Trastornos de Personalidad suelen manifestarse “especialmente en el ámbito de las relaciones sociales”. Las razones son obvias: si quiero más dinero puedo trabajar una mayor cantidad de horas. Si quiero iniciarme en una nueva actividad de esparcimiento, puedo concurrir al gimnasio o a la escuela de ajedrez y simplemente apuntarme a las clases. Pero nadie puede controlar los sentimientos de otra persona. Si deseo acostarme con una mujer, hago todo lo que considero pertinente para conseguirlo y ella me ve sólo como uno más entre los babosos necesitados que la rondan ¿qué remedio me queda?. Por muchas ganas que yo tenga de que el grupo más cool de la universidad considere para sus noches de juerga, si ellos piensan en mí como un aburrido recalcitrante, nunca me mandarán un mensaje de texto para contarme dónde es la fiesta esta noche.

Fuente: Belloch Fuster y Fernández – Álvarez, en Trastornos de Personalidad.