viernes 23 de julio de 2010

“Aprender es adquirir conocimiento”


Hoy quiero retomar un tema que dejé pendiente en mi último post sobre Atribuciones.

Cuando el cambio de óptica empezó a operar en mí. me di cuenta que la clave estaba en aprender. Mi primer hipótesis fue “Aprender es adquirir conocimiento”. No sé si fue por hábito, costumbre o rigidez mental, pero mis meditaciones me llevaron inmediatamente a la pregunta siguiente: ¿Cuál es el conocimiento verdadero que es necesario adquirir?

Atado al dogma del conocimiento universal y necesario, dediqué todo el poder de mi raciocinio al servicio de la teoría de Descartes y recibí nuevas impresiones de la doctrina empirista de Hume. Frente a la Crítica de la Razón Pura empecé a sentir que el mundo fenoménico daba vueltas de forma incontrolable a mi alredeor y me pregunté si mis juicios a priori no habían sido alterados por un Genio Maligno Engañador. Junto con Protágoras de Abdera y otros sofistas abandoné relativamente pronto el Idealismo Kantiano, y, en un arrebato de caridad, dejé mis libros de Platón en la puerta de una iglesia. Hegel, Marx y Engels eran tesis, antítesis y síntesis de la realidad física, el pensamiento y el “¿Qué hacer?” de Vladimir Lenin. Leibniz me enseñó una nueva perspectiva de la filosofía y, aunque me escandalicé con el Organum de Bacon, me sentí aliviado con la propuesta de Husserl de volver a los fenómenos. Con el Trilema de Münchhausen me pregunté hasta donde podía llegar mi adquisición de conocimiento y, casi por azar, me encontré con los contra - ejemplos de Gettier....

A esta altura me había convertido en eso que la gente da en llamar “un hombre culto”, pero, ¿Adivinen qué? Estaba francamente harto de los discursos grandilocuentes de la Filosofía Clásica y, lo que es aún peor, mis problemas vitales seguían sin resolverse...