
Perfil:
Abelardo tiene 50 años, divorciado. Se hizo a sí mismo: de origen humilde, terminó siendo el propietario de una cadena de comercios. Tiene algunos traumas relacionados con un padre que primero fue golpeador y después estuvo ausente y con un antiguo estado de obesidad. Pero si le preguntás a cualquiera, Abelardo es bueno. Muy bueno. Y trabajador.
Si les voy a ser sinceros, empecé a prestar atención a las formas que tenía Abelardo de relacionarse con la gente -y en especial con las mujeres- porque veía en sus hábitos la epítome de mis propios hábitos. Y me asustó la idea de que, en un futuro, dichos hábitos podían llevarme a la situación en la que se encuentra este buen hombre.
Situación:
En una conversación privada, así como quien no quiere la cosa, dejé caer el tópico de los mecanismos de seducción que cada uno utiliza. Si, lo hice porque soy jodido. Y Abelardo mostró sus “armas secretas”. Dijo:
De todas las cosas que dijo Abelardo, hay una que es cierta: la mujer es vanidosa por naturaleza, y si sebés elogiar su criterio estético en el momento justo, vas a sumar muchos puntos. El problema acá está en otro lado: en el enfoque. “Yo sinceramente creo que la mujer es superior al hombre”. Traducción: Cuando Abelardo está interesado en una mujer, está siempre disponible. “Si, estoy ocupado, pero me hago un lugar para verte aunque sea un ratito” es una frase común en su repertorio. Siempre actúa para complacer los requerimientos de la mujer. Con una frecuencia pasmosa regala rosas (unas rosas ciertamente espectaculares, no sé de donde las saca!) u otros presentes caros e invita cenas costosas. Si le suena el celular, está siempre listo, como los Boy-Scouts.
Lo extraño es que a Abelardo le cuesta generar atracción en las mujeres, una atracción real, profunda, visceral. La seducción, como la vida, no es justa. En general, Abelardo atrae mujeres que lo validan como persona, que le tienen afecto, quizás admiración. Pero no se sienten realmente atraídas hacia él ¿Por qué?
Abelardo tiene 50 años, divorciado. Se hizo a sí mismo: de origen humilde, terminó siendo el propietario de una cadena de comercios. Tiene algunos traumas relacionados con un padre que primero fue golpeador y después estuvo ausente y con un antiguo estado de obesidad. Pero si le preguntás a cualquiera, Abelardo es bueno. Muy bueno. Y trabajador.
Si les voy a ser sinceros, empecé a prestar atención a las formas que tenía Abelardo de relacionarse con la gente -y en especial con las mujeres- porque veía en sus hábitos la epítome de mis propios hábitos. Y me asustó la idea de que, en un futuro, dichos hábitos podían llevarme a la situación en la que se encuentra este buen hombre.
Situación:
En una conversación privada, así como quien no quiere la cosa, dejé caer el tópico de los mecanismos de seducción que cada uno utiliza. Si, lo hice porque soy jodido. Y Abelardo mostró sus “armas secretas”. Dijo:
- En una conversación con mujeres, si vas a hacer un chiste, tiene que ser feminista. Con eso las matás. Porque yo sinceramente creo que la mujer es superior al hombre, que querés que te diga. Y además tenés que saber que la mujer es vanidosa por naturaleza, así que les cae fenómeno que las elogies. No a ellas directamente, no a su cuerpo...pero si a los aros, lo accesorios que usa...Hay que reconocer que Abelardo es un tipazo. Hablar con esa sinceridad ante mi demuestra la calidad de persona que es. Y yo, que como dije, soy jodido, lo publico ¡No tengo perdón! Es más, no contento con eso, voy a proceder a criticarlo. Si, me voy a ir al infierno derechito...
De todas las cosas que dijo Abelardo, hay una que es cierta: la mujer es vanidosa por naturaleza, y si sebés elogiar su criterio estético en el momento justo, vas a sumar muchos puntos. El problema acá está en otro lado: en el enfoque. “Yo sinceramente creo que la mujer es superior al hombre”. Traducción: Cuando Abelardo está interesado en una mujer, está siempre disponible. “Si, estoy ocupado, pero me hago un lugar para verte aunque sea un ratito” es una frase común en su repertorio. Siempre actúa para complacer los requerimientos de la mujer. Con una frecuencia pasmosa regala rosas (unas rosas ciertamente espectaculares, no sé de donde las saca!) u otros presentes caros e invita cenas costosas. Si le suena el celular, está siempre listo, como los Boy-Scouts.
Lo extraño es que a Abelardo le cuesta generar atracción en las mujeres, una atracción real, profunda, visceral. La seducción, como la vida, no es justa. En general, Abelardo atrae mujeres que lo validan como persona, que le tienen afecto, quizás admiración. Pero no se sienten realmente atraídas hacia él ¿Por qué?
- Siempre disponible, siempre elogios, siempre regalos. Todo calidez, nunca un poco de frío. Abelardo es tremendamente predecible. Y cuando una mujer te cataloga de predecible, casi instantaneamente te pone el rótulo de Aburrido. Además, al estar siempre disponible, rápidamente las mujeres lo dan por asegurado. Y aquello que se da por seguro, no se valora. Sólo valoramos aquello que nos cuesta trabajo conseguir. Pensalo: Vos ya sabés que abrís la canilla y sale agua. Agua rica para tomar, agua potable para cocinar y bañarse. Ese hecho es tan natural para vos que no le das importancia. Pero un dia te cortan el agua por una semana y tenés que caminar ocho cuadras y acarrear baldes para conseguir un agua berreta, llena de tierra, hojas y bichitos. De la ducha de las mañanas, ni hablar: te bañás parado en la palangana, con una esponjita. ¿En ese momento no darías cualquier cosa por abrir la canilla y que salga agüita? Y cuando vuelve, ¿No sos el tipo más feliz del mundo?. La seducción se rige por la ley de oferta y demanda.
- Abelardo basa su estrategia en lo que para él son “elogios materiales”: regalos y cenas caras. Por extraño que parezca, las mujeres miran este hábito con recelo. ¿Por qué?. Un hombre que hace esto está proyectando una imagen errada: simplemente “compra” el tiempo o la atención de la mujer que lo acompaña. Proyecta una imagen débil, se siente menos que la mujer y por eso piensa que debe pagar para obtener algo de ella. Desde esta óptica no es difícil ver por qué las mujeres ven a los tipos buenos como manipuladores y como poco deseables.
Ustedes se preguntarán: “Pero este Abelardo, ¿pesca o no pesca?” Se le arriman dos tipos de mujeres. El primer tipo es el de las mujeres sanguijuelas que quieren aprovechar su dinero. Pero él sabe detectarlas y no les da espacio. El segundo tipo está conformado por mujeres demandantes, que se le acercan porque necesitan de su buena predisposición: “¿No me llevarías a x lugar?”, “¿No me cambiarías el cuerito de la canilla?”, “¿No te subirías al techo para ver si hay goteras?”. Y él, encantado de ser útil, porque eso le da la ilusión de ser importante para la otra persona y le sube la autoestima. Consigue companía, pero en la balanza del costo/beneficio, den por seguro que sale perdiendo.
Una pareja está constituida por dos personas, y ambas deben ver alcanzadas, aunque más no sea mínimamente, sus expectativas con respecto a la relación. Si no es así, la felicidad sucumbirá ante los requerimientos de la falta constante: conviene evitar las relaciones que no están bien equilibradas.
Fuente: Estrategia de Seducción
(Visiten este Blog, realmente vale la pena!!)

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